Quien dijo eso de que la esperanza muere al último, era un conocedor del fútbol madrilista. Esta temporada, al único partido que asistí (porque mi limitada beca sólo me permite un lujo de esos anualmente), fue a un terrible (y gélido, y caro) Espanyol vs. Real Madrid. Que porqué fui a ese partido y no al Camp Nou, no lo podría decir. Quizá me movió esa sensación recurrente en los dominios de Morfeo en el que uno termina humillando a su contrincante. En ese partido, el Madrid ganó 0-1.
Este post lo acribillarán: el Nettizen por Madrilista, el Adolfo por bloguero y mis biógrafos por sensibilero, pero no puedo evitar escribir que, en mi primer año en tierra catalana, quería bañarme (pensaba desnudo por el calor que hace) en la fuente de Canaletas celebrando la liga ganada por los culés. No fue así, y aunque por 60 minutos más o menos, una ráfaga de esperanza se combinó con las dos chelas que conseguí tomarme en un bar atestado de Barcelonistas, con un solitario, gritón, mamón y francamente estúpido madrilista (en México por la mitad de lo que dijo le hubieran roto un par de dientes), al final, y con los mismos puntos, el Madrid quedó campeón. Ni modo, así es la vida y las victorias solo saben en la medida en que hay derrotas para recordarnos que esto es sólo un deporte (y que, aunque no nos da de comer, puede hacer que la desnudez en las canaletas se transforme en un post nostálgico en la enchilada de un tesista). Un abrazo para mis hermanos culés: el analista y el Repablovic, C´est la vie.






… y el poeta dijo… la derrota nos hará más poderosos….
suerte la tuya que pasó este calvario en Barcelona… y no en esta ciudad plagada de virus madridista infecto…
Visca Barça collons…
He dicho
Comentario por Martin (Analista de cuarta) — junio 20, 2007 @ 9:12 pm |