Que me sea perdonada la digresión dominical.
Cuando Robert Smith salió a escena, su “robustez” era más que evidente, parecía un osito de peluche en tamaño natural. Su look era absolutamente tierno y de esto, a esto, habían pasado muchos kilos (y muchas pintas). Ahora bien, se está desatando un debate en los últimos días (que atinadamente recoge Tíscar), al margen de la pasión futbolera que hoy hará que este país, con todo y sus múltiples fragmentaciones, rompa nuevamente el record nacional de audiencia de un programa de televisión (y, que me perdonen mis compas catalanes pero ojalá gane España, especialmente porque sus 5 catalanes han sido claves). Regresando a los kilos y dejando de lado los goles. Ha sido una decisión difícil pero sinceramente no pensé que tendría que decidir entre Alanis y Fabregás, entre uno de mis amores de juventud y uno de mis ejercicios intelectuales de fin de semana (eufemismo propio de quien ve los partidos con mirada analítica). Total que, como ya tengo el boleto (la cantidad de personas, especialmente hombres, que han vendido sus entradas para no perderse la final es considerable), pues iré a ver a la canadiense.
Dos notas; en su defensa debo decir que su tipo no es lo que más nos atrae a todos de ella sino su voz, su “aura” y alguna que otra perversión que le hemos visto (porque seamos sinceros Tiscar, son más de dos tallas; compara aquí con aquí). Ahora bien, a favor de todos aquellos que hablan de su “grosor incrementado”, debo reflexionar sobre lo duro que es ver a tus símbolos sexuales de juventud parecerse a alguna de tus tías llenas de maquillaje. Simple y claramente: porque ello nos recuerda que tampoco somos los jóvenes atléticos de cabello largo y energía interminable que solíamos ser (al menos algunos) cuando fantaseábamos con ella. Su Jagged Little Pill era una mentada de madre a su exnovio y todos temblábamos cuando escuchábamos el “Is she perverted like me? Would she go down on you in a theatre?” (y nuestra imaginación volaba muy lejos, muy lejos).
Los verdaderos ídolos, nunca envejecen (siempre mueren jóvenes y preferiblemente en circunstancias trágicas): Kurt Cobain, Jim Morrison, John Lennon, el Ché. Todos son íconos porque siempre les recordaremos en su juventud y no tendremos que verlos dando conciertos de reencuentro o ir desapareciendo poco a poco en una clínica cubana. No son los kilos de ella, son nuestros propios kilos los que nos pesan. Kilos que por cierto también llevaremos al concierto y que se moverán al ritmo de los suyos. Porque, ya ves, algunos las prefieren rellenitas. Finalmente, cuando ella se preguntaba hace años: “that I would be good even if I gained ten pounds?” Yes Alanis, you´re good (but you have to probe it today ok?)
P.D. Me iba a atrever a poner una foto mía con 18 años y una actual como un acto de constricción, pero me abstendré por la cordura emocional de todo aquél que pase por aquí.
Actualización
España ganó, Alanis cantó y ambos demostraron que son buenos en lo suyo. Rellenita, rellenita, pero sigue siendo una mujer increiblemente atractiva con una voz impresionante y un directo sencillo pero lleno de energía.






