Tesis-Antítesis

junio 4, 2006

Intelectual de verdad (y no chingaderas)

Filed under: Compas investigadores,Notas — Edgar Gómez Cruz @ 7:02 pm

Bueno, la historia es más o menos así: Le mandé mi incipiente texto de Foucault a mi compa Roberto (porque además de chido, es un intelectual de verdad) y su respuesta fue tan exquisitamente chilanga, profunda e intelectual (además de alburera) que me doy el lujo de citarla íntegra para ustedes:

Allí te van –no, no te hagas ilusiones– las observaciones:

1. Por desgracia no puedo dar otra crítica que no sea la mía –usté perdone, mi Ergar precioso, pero la afirmación del yo se impone cuando de identidad se trata y después de tanta identidad en tu texto no vaya a ser que se me diluya la poca que me queda (ba?)–, es decir, la de un neófito internauca, groupi nacaniano (si güey, los mexicanos lacanianos, o mejor lacandones, semos nacanianos: sí , te estoy choreando, güey, como te gusta, con mi neologismos nacos). Pues bien, decía que un neófito, pero también (o tan bien) un usuario consuetudinario de la red. Todo lo anterior para decirte que, como dice ese genio de la filosofía y gurú y máximo guía personal que es Marx (claro está, Grocuho, ¿en quién pensabas, güey ),”hasta un niño de cinco años sería capaz de entender esto [que tú escribes]… ¡Rápido, que me traigan a un niño de cinco años, porque a mi me parece chino!” (Sopa de ganso, película a color: blanco, negro y sepia, de 1933…) Creo que nunca fue más cierta esta frase que a la luz de tu texto, en fin, paz en la tierra y…

2. El tema de las nuevas tecnologías (¿el plural es un gesto políticamente correcto?, la pregunta es en serio, güey, no te rías de mi ignorancia, cabrón ilustrado) luce interesante, pero como todo lo nuevo y de moda (y de-mode; no, no te equivoques: este no es un neologismo nacaniano, es francés, ay güey: la pura cultura del esfuerzo, yepa, yepa, yepa, compadri..) siempre le tengo desconfianza. Como buen mexicano y aspirante a candidato a algo, tu texto promete bastante: Foucault como brújula del ciberglobo… vientos, cabrón. Desde luego, está bien el matiz sobre las pretensiones aunque ya sabrás el dicho italiano sobre la traducción (casi una homofonía entre traductor y traidor), y-sí –así hablan los porteños, güey– siempre hay riesgo en toda traducción o reinterpretación, como dices. Concretito –como bien decían los compas de las asambleas del 68, ¿o del 69?–: ya sé que eres un cabrón y que en el aire las compones, pero meter [no te excites, compa] algunos conceptos rudos de Foucault en un texto de diez cuartillas se me hace algo descabellado: ya sé que en el metro de la ciudad de México cabe mucho más pero siempre será un riesgo que algunos neófitos como yo merengues no entendamos bien a bien de qué va el asunto, tío… vivo

3. Pues nada, que venga, que las tecnologías, pues que casi hablan por sí mismas, y que nada, a que si, a que es acojonante… Si sigo por esta senda, te vas o me voy, ¿verdad?, así que mejor punteo:

a) Se me hace difícil hablar de constitución de la identidad a partir de una pantalla, no es que ello no suponga una huella subjetiva sino que es una más dentro de una cadena más bien larga, bastante larga y que es muy anterior a ese estadio de plasma (si el muy puto Lacan tiene su estadio del espejo, acabo de inventar mi estadio de plasma, huevos), ese momento del sujeto –frente a la pantalla de su ordenador o de su teléfono o de IPOD–, primo pudiente del homo videns sartoriano. A partir de esta base, que tú más bien tratas con el pie [de página, güey, no te calientes], creo que tu hipótesis, en efecto, se confirma: la web 2.0 como normalización de ese “estado de libertad” que ofrecía la idílica imagen de la sociedad-red de hace unos años; con todo lo que ello supone en términos de libertad, creatividad, levedad (liviandad, por qué no) y todo lo que apuntas. Ahora bien, no me sorprende nada: ya lo dijo en tiempos del blanco y negro que tanto te disgusta, Freud: “la sociedad contemporánea está dispuesta a cambiar libertad por seguridad”, y creo que las comunidades de internautas que tú refieres dan prueba de ello.

b) ¿Qué es un discurso? Tú debes la respuesta en tu ensayo; también y aunque sea de pasada, debería apuntar qué se debería entender por identidad, por sujeto, biopoder y por “yo” [no yo, sino yo, chinga, güey, no me entiendes o no me explico, no je sino moi, o los dos: ya ves güey, como si hace falta explicarlo] y, claro, por simbólico [es el simbólico de Levy-Strauss]. Claro, eso ya sería otro ensayo, pero ¿entonces? qué hacemos con güeyes como yo: medio penitentes y, encima, ariscos… La culpa la tienes tú, por pensar que todos somos una verdolaga en papas como tú….

c) No me gustan las comparaciones. Nada. Después de leer la Paidea de Jeager me quedó claro que la “Grecia antigua” –incluso la decadente de Aristóteles y Platón– supone una radical diferencia con la modernidad, tan radical como el origen mismo de la palabra griega. A mi juicio, no admite comparación porque la comunidad y el “sujeto” –que no existía en ese entonces– es por completo distinta a la actual. Me sorprende eso de los hypomnemata por muchas razones, primero porque incluso Platón conserva –aunque le da mucho miedo, al muy puto, y por eso no se la acaba con Nietszche, quien no lo baja de un puto y peor: un cristiano– el arte de la dialéctica, es decir, de la deducción que se hace palabra, el logos pues. Me escandaliza [sí, soy mamón y qué] eso de un “seguimiento administrativo del yo”, no-me-amenaces… ten cuidado porque muchos discutirían, para empezar, ese asunto del “yo” –incluso para mal, Arendt y Popper argumentan en contra de esa noción, de allí que los griegos, según ese par, sean unos pinches totalitarios– y luego ese “seguimiento administrativo”, sobre todo si consideramos, por ejemplo, que todo lo administrativo tenía que ver con la oikós, con la okononia –o una mamada [dame dos] así– que era el ámbito doméstico, es decir, el de los esclavos y las mujeres, es decir, de aquellos que no eran libres, que seguían atados al mundo de la pinche “necesidad”, como yo, güey, para que me entiendas, que tengo que trabajar… Así que las citas de Foucault al respecto nada más no me terminan de convencer. Así que ya imaginarás que no te acompañaría en esa idea de comparar a sus santas majestades los griegos con los blogeros: ya sé, soy un mamón pero no me pidas que emparente la imagen de Sócrates con su báculo [me echas de habladas] por los caminos, reflexionando y ligando a cuanto bello joven se le atravesaba [y lo atravesaba] con la de un bloggero, incluso alguno tan simpático como los que hay en El País. Nada más no puedo.

(Recuerdo un libro chingón –que tengo en México– sobre el asunto de el arte de vivir en Foucault, es de un alemán que no recuerdo su nombre, está publicado en Pre-Textos y el título es algo sobre el arte de vivir, una cosa así, chance y te guste

d) Ya no me acuerdo que iba a poner en este punto, usté perdone, mi Ergar precioso, pero mejor dejo los incisos y vuelvo a los números…

4. Uhmmmmmmm, Lo dicho, creo que tu hipótesis se demuestra, incluso sin Foucault.

5. [Lo incluyo, está de más aclararlo, por influencia de los cincos puntos de Otro rollo] Usté disculpará –si es que le parecen malos– mis humores, ojalá que este chapurreo –si es que puede llegar a eso– sirve de algo para tu ensayo, que por lo demás, me parece muy convincente. En compensación, te envío [pa que no digas] el texto de Foucault, “¿Qué es un autor?”, creo que en este como en otros, se siente la huella de Blanchot, un tipo verdaderamente interesante y a quien Foucault siempre respeto pero nunca conoció personalmente: le dedicó un libro chingón, como se lo merecía: El pensamiento del afuera, y Blanchot hizo lo propio: Foucault, tal y como yo lo imagino.

Desde el fin del mundo, un sudaca del norte…

4 comentarios »

  1. a propósito de intelectuales chingones…

    ciao!

    ps.- problemas?

    Comentario por ·::.nettizen.::· — junio 5, 2006 @ 1:07 am | Responder

  2. Vale, vale, siempre habrá cosas peores que la situación personal😛 (por cierto, ¿no teníamos un texto pendiente?, que conste públicamente: con tal de publicar algo contigo, no me importa que pongamos de coautores a Montse y los niños😉

    Y ya que estamos con rollo informativo, copio un párrafo de una noticia que vi en el 20 minutos (¿qué quieres? cada día tengo menos tiempo para leer la prensa buena):

    Cómo enfrentarse a la tesis

    Fátima Martínez es licenciada en periodismo. Está en segundo año de doctorado. “Lo mejor es hacer el doctorado tras la carrera, para no perder la costumbre de estudiar”, afirma.

    “Me paso dos o tres horas en la biblioteca”. Ahora que ya tiene el tema de su tesis, sabe lo importante que es que te guste el que has elegido. “Pero tan importante como eso es tener un buen director de tesis, que pueda dedicarte tiempo y te oriente”. Cree que el doctorado se puede compaginar con más actividades, pero a costa de tardar más.

    Comentario por Tesista — junio 5, 2006 @ 10:36 am | Responder

  3. Ojo con lo de: “dedicarte tiempo y que te oriente”😉

    Comentario por Tesista — junio 5, 2006 @ 10:37 am | Responder

  4. épale! Como estaban hablando del pinche Foucault, me asomo por aquí. Al margen de fans gratuitos, de “foucaultianos” despelucados que abundan en la selva académica, de transgéneros que insisten en hablar de San Foucault (con todo su desprecio, por cierto, y sin no lo creen que lean sus opiniones respecto de las militancias lésbico-gay). Al margen de la chusma académica que se cree avant garde, el pelón francés es un auténtico, sincero y potente chorro de sugerencias (sin albur, ¿o mejor sí?).

    En fin. Saludos. Sigo en el cable.–>

    Comentario por plektopoi — junio 6, 2006 @ 11:21 am | Responder


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