Tesis-Antítesis

diciembre 11, 2006

Muerto en Santiago de Chile

Filed under: Invitados — Edgar Gómez Cruz @ 10:43 am

Inauguro una especie de “sección” de este nuevo blog, algo así como “editorialista invitado” y comienzo con un texto que Loreto Saavedra elaboró y que me parece no necesita más explicaciones:

 

 

Gasté cerca de 5 mil pesos en diarios y habría gastado más si hubiese tenido más monedas en los bolsillos. Quería tener todos los diarios que pudiera.

Quería leerlo, quería saber que me provocaría leer: “Murió el dictador Pinochet”, “Muere Pinochet sin responder de sus crímenes ante la justicia”, “Murió el Tirano”. Los titulares de diarios españoles como La Vanguardia, El País o El Periódico de Catalunya sólo me provocaban imaginar los de los diarios chilenos; más que un “Falleció Augusto Pinochet” o “Murió Pinochet” no podía pensar en algo más neutro e insípido (objetividad creo que le llaman en las innumerables escuelas de periodismo de nuestro país).

Miraba las fotos de gente con botellas de champaña y pensaba que el día en que se muriera Pinocho yo sería la primera en salir a celebrar a las grandes Alamedas, que se abrirían para ver pasar al hombre libre (como lo hicieron el día del golpe tantos que hoy se muestran dolidos por esos actos espontáneos). Pero no, estaba en un kiosco de venta de diarios en España que me servía como mediador de una experiencia que esperaba ya hace tanto.

Cuando me enteré no pude evitar sentirme culpable por la injusticia que me parece es la muerte de Pinochet sin haberlo hecho pagar una milésima por ninguno de los asesinados, desaparecidos o torturados –aunque los milicos bajo el régimen de Pinochet hubiesen fracturado miles de costillas, columnas, muñecas, pelvis y cráneos, aunque hubieran quemado a miles con sopletes hasta dejar marcas negras en sus cuerpos y dientes-. No quise terminar de leer una columna firmada por Benedetti y publicada en un diario chileno bajo el título “La muerte le ganó a la justicia”. Tenía miedo de sentirme triste. No por la muerte del viejo, sino por las deudas que como país surgen en el momento en que desaparece.

Ahora comienzo a reflexionar sobre algunas cosas que veo surgir después del shock primigenio de un hecho que creo, muchos esperábamos, quizás más o menos veladamente, y no me aguanto las ganas de escribir.

¿Soy hija de la dictadura y hoy quedo en una especie de orfandad de mis odios y reproches o qué?; ¿se marca el fin de algo para los cientos de jóvenes que se encerraron el día del golpe en sus habitaciones para evadirse, ¿ o para los que nos criamos bajo la represión militar?, ¿o de aquellos amigos y desconocidos que vivieron sus años de infancia o adolescencia fuera de Chile porque sus padres tuvieron que salir del país antes de que los hicieran desaparecer?

Recordaba las noches de cacerolazos en los 80′, en que si se me hubiese ocurrido tocar el balón del gas (o butano) me habría matado, no los milicos sino mis padres por puro miedo. Aprendes lo que es vivir bajo una dictadura cuando ves a tus padres tenerle miedo a algo que ni siquiera sabes exactamente qué es, pero que te ronda a cada momento. Recordaba los cassettes de Los Prisioneros que se pasaban de mano en mano y con los que había que tener cuidado. Nada de subir mucho el volumen al ponerlos en la radio, no diera la coincidencia de que tuvieras un vecino o una vecina chivatos que les pareciera propio de un “marxista leninista” el acto de escuchar canciones con letras “subversivas”. Recordaba la época en que insultábamos, gritábamos y le tirábamos piedras a los pacos a principios de los noventa, luego de que muchos políticos nos defraudaran para que su salida fuera “pacífica y sin sobresaltos”.

Qué nos queda como país si sólo se pudo condenar al “Mamo” Contreras por los delitos cometidos después del golpe. Si nadie ni siquiera recuerda de vez en cuando las declaraciones ante el juez en las que Contreras describió con detalle los desayunos con Pinochet cada mañana para informarle sobre todas las acciones que se desarrollaban, para que luego él pudiera proferir frases tan alucinantes y metafóricas como “aquí no se mueve ni una hoja sin que yo lo sepa”.

Recordaba que el 10 de diciembre del 98′ –día en que se conmemoraban 50 años de la declaración mundial de Derechos Humanos- cuando Garzón logró procesarlo dando una noticia histórica a los periodistas chilenos, que aparecían en las pantallas de televisión tan excitados como estábamos los telespectadores, las cosas podrían ser distintas a lo que son hoy.

Ya de eso han pasado casi ocho años y jueces como García Castellón, Guzmán, Cerda, Montiglio y otros tantos se quedan en los tribunales o fuera de ellos luego de terminadas sus carreras, como las más de 300 querellas en contra de Pinochet por las que nadie responderá; quedan casos como el “Caravana de la Muerte” o “Calle Conferencia”, operaciones “Cóndor” y “Colombo”, con demostraciones claras de la política sistemática de represión y tortura de la dictadura militar sin el procesamiento del máximo líder; quedan centros de tortura como “Villa Grimaldi” o “Isla Dawson”; quedan funcionarios, ministros, una presidenta y familiares de muchos de nosotros que pasaron por esos sitios y algunos que no lograron salir de allí.

Pensaba en cómo un alumnillo de desempeño “regular” en la Escuela Militar que se sube al tren del golpe militar a última hora logra tomar el liderazgo y se convierte en “el segundo padre de la patria” –como solían llamarlo arrogantemente sus seguidores que hoy se hacen llamar demócratas- , se jacta de ello durante 17 años y luego es capaz de negar su vinculación con los asesinatos y evitar el procesamiento. Pensaba en Carlos Prats, Comandante en Jefe del Ejército durante el Gobierno de Allende y quien le recomienda al “compañero presidente” el nombramiento de Pinochet como su sucesor por su lealtad. Pensaba en que EEUU vive enfermo contagiando al resto del mundo y creyendo que todos somos idiotas. Inconcebible que declaren estar con las víctimas del régimen luego de haber financiado el golpe que derrocara a Allende y haber declarado su “simpatía” por lo que el dictador trataba de hacer en Chile (archivos desclasificados y declaraciones de los propios funcionarios norteamericanos de la época lo demuestran).

Pensaba en tantas cosas que ya no sé qué pensar. Quizás habría sido bueno estar en la Alameda y tomar champaña y bailar en un Santiago que para mí sigue ensangrentada, para olvidar que no siento la felicidad que imaginaba sentiría el día en que se muriera el viejo. Creo que, como han dicho abogados de causas de derechos humanos, se lleva demasiado a la tumba y deja demasiadas deudas con la democracia de la que nuestra patria suele hacer gala, igual que los militares lo hacen en sus desfiles.

14 comentarios »

  1. ¿Muerto el perro (o cerdo), desaparece la rabia (o la peste)? He visto muchas reacciones por la TV… y no sólo en informativos. Parece que en Chile (y no es el único lugar) hay muchas cosas que hacer, en especial con esa derecha rancia y asquerosa. Cuánta gente, y no sólo mayor. Cuánto joven, bandera en la espalda, defendiendo a un moribundo asesino que se ha librado de la Justicia. Jovenes que demuestran que la rabia o la peste no desaparecerá y son ellos los que pondrán en peligro (tal vez no real) a Chile reivindicando su pinochetismo más brutal. Chile no se ha librado aún de su dictador. Lamentablenmente seguirá vivo tras su “democratización” por medio de Lavín y el conservadurismo. Lastima.

    Comentario por Analista de cuarta — diciembre 11, 2006 @ 10:55 am | Responder

  2. […] Loreto Saevedra en Tesis-Antítesis […]

    Pingback por Rodados » Blog Archive » Y murió el viejo (reflexiones de una chilena lejos de casa) — diciembre 11, 2006 @ 11:20 am | Responder

  3. Para los “hijos de la dictadura”, para aquellos que nos escondimos, sufrimos tras las rejas o simplemente observaron con horror lo que muchos trataban de esconder, sí creo que la muerte le ganó a la justicia, el número uno ya no está, el terrorista más buscado por los que anhelamos la democracia. Pero aún hay muchos “rapados” que deben pagar por sus crímenes, tengo fe que que esta vez la deuda será saldada… la memoria histórica no se olvida.

    Comentario por claudia bastidas — diciembre 11, 2006 @ 1:18 pm | Responder

  4. Cuando un culpable muere en la cama negando hasta la saciedad su responsabilidad no hay mucho que celebrar… Debieramos mirarnos todos al espejo y preguntarnos porqué dejamos que cosas así sigan sucediendo.

    … Pero minutos antes de este enojo más reposado, cuando alguien me llamó para darme la noticia grité fuerte, salté y reí.

    Y ¿saben? Estaba perdida en el Petit Empordà y la gente saltó y rió conmigo
    Yupiii!!

    Comentario por Kika — diciembre 11, 2006 @ 3:04 pm | Responder

  5. Personalmente creo que en cierta medida pago en algo su tirania, fue detenido y privado de libertad mas de 500 días, gracias a super Garzon, quedo en evidencia que se enriquecio ilicitamente, utilizando la parafernalia militar tenía vigente 400 procesos en su contra y lo más doloroso para su familia es que miles celebramos su partida, pero perdimos al no ver su rostro tras las rejas.

    UNA DICTADURA NO TIENE NADA BUENO.

    Un abrazo

    ROP

    Comentario por ROP — diciembre 11, 2006 @ 5:08 pm | Responder

  6. Querida Loreto. Creo que con la (hu)ida de Pinochet empieza otra historia para Chile, cuyos capítulos empezaron a escribirse hace ya un tiempo largo. Hacía falta que se vaya para siempre.
    Aunque con esa muerte le haya ganado a la justicia, igual es día de celebración, pues como dijo hoy Fernando Henrique Cardoso “Pinochet logró escapar de la justicia, pero no de la historia. La historia ya lo condenó”.
    No es ‘ideal’ pero que le caiga el peso de la historia reconforta… y mucho!.

    Comentario por Max — diciembre 11, 2006 @ 9:47 pm | Responder

  7. A Analista de Cuarta:
    Durante los ataques a La Moneda -es posible escucharlo en grabaciones inéditas de las comunicaciones que mantuvieron los miembros de las fuerzas armadas y de orden golpistas- se escucha a Pinochet decir respecto de Allende: “muerta la perra se acaba la leva”. Pues creo que una vez más este señor, si es posible llamarlo así, se equivocó.

    Comentario por Loreto — diciembre 12, 2006 @ 9:42 am | Responder

  8. A Loreto:

    No conocía esa grabación. Gracias por recordarla. Pese a nuestras diferencias en temas anteriores, debo decir, querida Loreto, que no puedo estar más de acuerdo contigo en tu texto. Te felicito. Nadie mejor que una chilena inteligente para darnos a conocer los sentimientos reales de lo que ahí ocurre. Lo que ocurrió en TVE es vergonzoso:
    http://www.elmundo.es/elmundo/2006/12/12/comunicacion/1165895294.html
    Esos chilenos son descerebrados, no valen la pena. Y la foto que publica El País es también brutal. Lastima de gente. Que pena para Chile. Ah, y bravo por Bachelet, que mano… Los españoles deberían aprender de eso…
    Saludos…

    Comentario por Analista de cuarta — diciembre 12, 2006 @ 10:14 am | Responder

  9. Dicen que 70 mil personas han pasado frente al féretro del ex dictador. Mujeres, hombres, jóvenes, niños y ancianos, que sintieron el “deber” de “agradecer al general”.
    Es cierto, una parte importante de la sociedad chilena sigue viendo al Golpe de Estado y la dictadura como una salvación, y a Pinochet como el mesias o el padre sacrificado.
    Han pasado 16 años, casi el mismo tiempo que se tomó la dictadura en realizar su “gran obra de reconstrucción nacional”, una “revolución” según palabras de Fco. Javier Cuadra en un noticiario de anoche, y no hemos logrado el repudio masivo hacia el terrorismo de Estado. Todavía hay muchos a quienes les parece que matar y torturar personas indefensas es un mal necesario, pero menor en comparación al enriquecimiento ilícito del ex general.
    (indefensas porque acá no hubo guerra, cesó la posibilidad de justicia, muy pocos fueron los casos de enfrentamientos armados con las fuerzas militares y la policía secreta, por testimonios de ex conscriptos hoy sabemos que la orden era “diparar al cuerpo” antes que al aire, por ejemplo)
    ¿Qué ha pasado?
    Desde que trabajo con Villa Grimaldi me he dado cuenta de que sufro de una especie de “desorientación democrática”. Yo no sentí miedo durante la dictadura, nunca me preocupé de las violaciones a los derechos humanos, porque a mis padres les tenían sin cuidado, ellos seguían a pie juntillas las recomendaciones que los milicos solían dar a los detenidos en los centros de tortura: “cuando salgan, preocúpense de trabajar y de cuidar de su familia, ¡y nada de andar metidos en tonterías políticas, revolviendo el gallinero!”. Mis padres ni de cerca pensaban en los centros de tortura, pero tenían bastante internalizados esos consejos.
    Hasta hace poco pensaba que también era “Hija de la dictadura”, pero sabes qué?, hoy me parece una metáfora perversa, yo no soy hija de nada, porque Chile no es una familia, como nos han contado, Chile es un país con una comunidad política de derechos y deberes, donde los lazos entre las personas no tienen nada que ver con el parentesco, y donde los “errores” del padre no son luego perdonados compasivamente por los hijos, que a su vez vuelven a reconciliarse en base a su hermandad, y ningún gobernante, sea Aylwin, Frei, Lagos, Bachelet o el que venga, contará con mi incondicionalidad. Ese fue mi primer aprendizaje democrático, a pulso y en la soledad que estos gobiernos de la Concertación le han impuesto a una ciudadanía desorientada.
    No hay tal familia, y todos debemos responder en el presente por lo que hacen nuestros Estados, nos guste o no. Y el deber de memoria, fundametalmente a no seguir guardando silencio, es lo que podría ayudar a cambiar esa lógica perversa, que puede incluso decirse está bien para las familias, pero que es inaceptable para una nación.
    Hay que terminar con esos mitos y ficciones que sólo nos han traído desgracia, y dar inicio a una crisis histórica y cultural. Pero mientras el gobierno amenace a los ciudadanos con consignas como “no pongamos en riesgo la gobernabildad” cada vez que se presentan crisis histórico culturales, nos vamos a demorar mucho en democratizarnos.
    Las 70 mil personas, que seguramente son muchas más, deben ponernos en alerta. Es necesario ser más activos en “cambiar la historia” y la escala invertida de valores en las que ha crecido esta nación, y no sólo desde 1973 en adelante, nuestra debilidad democrática es muy anterior, aunque los mitos que los “gobiernos democráticos” siguen aceptando digan otra cosa.
    Pinochet será nuestro fantasma si no logramos intervenir nuestra propia configuración cultural, histórica e imaginaria.
    (disculpen por lo largo, el tema me convoca)

    Comentario por Lore López — diciembre 12, 2006 @ 12:21 pm | Responder

  10. Respecto del último post, cuán atinado suena. Dejenme citar estas palabras de Ariel Dorfman publicadas hoy en el diario Página/12 de Buenos Aires:

    “¿Ha muerto de veras el General? ¿Dejará alguna vez de contaminar cada espejo esquizofrénico de la vida nacional? ¿Dejaremos de ser alguna vez un país dividido? ¿Acaso tendrá razón aquella madre futura, encinta de siete meses, que saltaba de alegría en el centro de Santiago cuando proclamó a los cuatro vientos que ahora todo iba a ser diferente, porque su hijo iba a nacer en un Chile sin Pinochet?

    La batalla por el alma de mi país recién comienza”.

    Comentario por Max — diciembre 12, 2006 @ 12:36 pm | Responder

  11. Absolutamente de acuerdo en que tenemos que preocuparnos. Y tomando las palabras de Dorfman si la batalla por el alma de mi país se inicia rindiéndole honores a un ex dictador y a un militar que se sublevó contra un gobierno democráticamente elegido con la anuencia del actual gobierno socialista ¿qué señal se le da al Ejército y qué triste herencia se nos quiere dejar?

    Comentario por Loreto — diciembre 12, 2006 @ 5:53 pm | Responder

  12. Lore, aunque parezca increíble Gonzalo y yo nos perdimos “el notición” como me lo describió una prima. Estabamos en Brasil y nos enteramos a través de CNN… vaya que nos fue útil esta vez!!
    Te confieso que cuando veía las escenas en la pantalla y escuchaba los comentarios de los periodistas, no lo podía creer. En lugar de alegrarme y compartir los sentimientos de quienes estaban en Plaza Italia, sentí una rabia inmensa! ¡Mi gran deseo era que el viejo viviera más de cien años, no que se muriera!!! No creo en el cielo ni en el infierno, por lo tanto, creo que finalmente se libró del único castigo que parecía posible (o al menos, “posible” en este país). Los juicios que se llevaban en su contra, la presión que ejercieron algunos jueces sobre Pinochet -una presión no tan fuerte como hubiese querido, pero constante-, el alejamiento descarado de muchos de quienes alguna vez lo apoyaron y hoy lo ignoraban (el caso más emblemático debe ser Lavín que brilló por su ausencia, según he leído), los continuos descubrimientos de sus acciones, el robo, las cuentas en el Riggs, el sufrimiento de su familia, en fin, todo eso constituía lo más cercano a una condena…y ahora todo eso se acabó!!!
    Probablemente todo aquello estaba lejos de ser una “verdadera tortura”, como la que él mismo envió a practicar sobre tantos que pensaban distinto -incluidos algunos uniformados- pero al menos era algo, un poco… en buen chileno, “un peor es nada”, que aparentemente era lo único a lo que podíamos aspirar…
    Lamentablemente, el vejete se murió y nunca logramos ver el timbre de “culplable” encima de su nombre. Ahora se habla del juicio de la historia, ojalá la historia y la memoria no nos fallen, como nos falló la justicia.

    Comentario por Cynthia — diciembre 14, 2006 @ 9:12 pm | Responder

  13. La verdad es que en Chile existe una creencia, vertida por la filosofía marxista comunista. Dicha creencia es aprovecharse de la ignorancia de la gente, sobre todo en materia política. En Chile la gente no sabe diferenciar las pretensiones estatistas de la izquierda de las libertades personales, democráticas y económicas de la derecha. Gracias al Gobierno Militar no hemos caido en las garras del allendismo ateista. LOS QUE SOMOS LIBRES Y ENTENDEMOS EL GESTO HEROICO DE NUESTRAS FF.AA. LO AGRADECEMOS EN NOMBRE DE NUESTROS HIJOS. En estos años de DESCONCERTACIÓN han desaparecido más de 7.000 personas con diferentes pretextos. Durante el Gobierno Militar creo que mil o dos mil personas (terroristas subversivos) NOTA LA DIFERENCIA UD.???INFORMESE LO INVITO.
    ACADÉMICO VALDIVIANO.- YO ESTUVE AHÍ EL 73…NO ME CUENTEN MENTIRAS.

    Comentario por Pedro — diciembre 26, 2006 @ 11:12 pm | Responder

  14. Pensaba borrar tamaño comentario porque, simple y sencillamente, aquella persona que enarbola la defensa personal de las fuerzas armadas me parece de facto una persona con la que no quiero tener nada que ver. Dado que no se dio cuenta mi querido “Pedro” que el post era de una invitada y no mio, no responderé directamente sus datos “informados” pero, dado que soy el cocinero de esta enchilada, sí daré mi punto de vista. Estoy seguro que hay creencías que con el tiempo van convirtiéndose en leyendas, en torno a Chile he escuchado de todo. Bolaño (un chileno que admiro) decía que es cierto, que no podremos saber si la izquierda podría haber sido peor, por ejemplo, de corte Stalinista (con campos de concentración incluidos), sin embargo, no lo supimos porque los gringos junto con un militar ignorante no dejaron que avanzara un gobierno elegido por su pueblo. Ejemplos de luchas izquierdistas injustas e inhumanas tenemos, además de la Stalinista mencionada la de los jemeres rojos en Tailandia por ejemplo que, en nombre del socialismo mataron a dos millones de personas y sumieron en la miseria a un país. Vale, le doy ese punto, lo que no puedo darle por ningún motivo es el que personas como usted (“en nombre de sus hijos”) no se den cuenta que la historia de nuestra América Latina (y que conste que esa ya la escribió Galeano) está plagada de colonialismos y barbarismos gestados a muchos kilómetros, economías y gobiernos de los democráticamente elegidas. Si usted prefiere la libertad al estilo Kissinger y proto-norteamericana con ese rollo de “con nosotros o contra nosotros” o “Venceremos con la ayuda de Dios” a las pocas, y llenas de errores, propuestas que verdaderamente han surgido de nuestros “pueblos” lo respeto sin duda, pero toda mi vida pelearé contra personas como usted, que más allá del hecho de, como académico, discutir puntos de encuentro y formas de acercamiento conjunto para hacer de este un mundo mejor, se conforme con tener en sus manos la “verdad verdadera”, esa de Huntington, de Fukuyama, de Marshall, de Bush, no sabe la pena que me da. Afortunadamente usted estuvo ahí y es académico, afortunadamente yo, que nací después del 73, también estoy aquí y también soy académico, la diferencia es que yo sí seguiré en la lucha, no por mis hijos (que todavía no tengo) sino por los hijos de todos (los suyos incluidos). Lucharé no por tener la verdad, sino por hacer de este un mundo con menos izquierdas y derechas doctrinarias y dogmáticas pero sí con más justicia, equidad y futuro para todos. Podría seguir toda la tarde pero tengo cosas más productivas que hacer que discutir con usted (por ejemplo seguirme formando). Reciba un saludo (nada cordial, más bien lleno de pena ajena) desde México.

    Comentario por Edgar Gómez — diciembre 27, 2006 @ 12:06 am | Responder


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