Tesis-Antítesis

mayo 29, 2007

Cuando despertó, la cibercultura todavía estaba allí

Antes de saber qué pasará conmigo y con este trabajo (del cual ya existe un primer borrador). Pongo aquí la introducción al mismo por si alguien quiere hacer un comentario. La idea es que, una vez que se haya aceptado y defendido, se pueda publicar entero con Creative Commons en algún lado. Por lo pronto, sólo queda esperar Bueno, próximamente aparecerá como libro (con el copyright menos right pero bueno, esa es otra historia) editado por la guoc.

Internet de discursos y metáforas. Introducción.

Cualquier intento por comprender al ciberespacio y la cibercultura debe observar las historias que contamos acerca de este fenómeno. (David Bell, 2001).

Necesitamos ser particularmente críticos al aproximarnos a las herramientas que utilizamos para explorar la cultura de Internet, incluso las palabras que escogemos para emplearlas. (Shawn P.Wilbur, 2000)

El Internet de los ciegos.

Hay un viejo cuento que se enmarca en la tradición budista y que narra cómo, en una ocasión, pasó un rey que montaba un elefante por un pueblo de ciegos. Éstos, emocionados por la visita de tan inesperado animal, le solicitaron al monarca permiso para tocarlo. De esta manera, uno se acercó a una pata, otro a una oreja, uno más le cogió la trompa y, por último, uno se montó en el animal. Tras haber partido el rey y su animal, los ciegos hablaron de lo que era un elefante: el primero lo describió como un tronco rugoso; el segundo lo contradijo diciendo que era más parecido a un tapiz grueso que se contoneaba cuando se le tocaba; el tercero mencionó que, en realidad, el elefante era una especie de serpiente gigante y, por último, el que se había trepado al animal les dijo, contundente, que estaban todos errados, pues el elefante era una pequeña montaña que se movía.

Describir Internet resulta una hazaña similar (incluso en lo infructuoso de la tarea)[1]. Así, Bell (2001) señala que “las formas en las que experimentamos el ciberespacio[2] representan una negociación de elementos materiales y simbólicos, cada uno con distinto peso dependiendo del tipo de experiencia” (p. 7). El punto de partida de este trabajo es, precisamente, la disolución de un único concepto de Internet, que, por otra parte, pareciera ser que nunca existió. Llegado el momento en el que estamos, y ante la evolución y complejización de las tecnologías, los usos y las prácticas, resulta una tarea igual de infructuosa que la de los ciegos intentar elaborar una “Teoría de Internet”[3]. Como ha venido ocurriendo con muchas otras tecnologías desde la revolución industrial, las opiniones y percepciones en torno a Internet han encontrado polarizaciones en variados discursos que responden a intereses distintos. Se podría hablar incluso de discursos tecnofílicos y discursos tecnofóbicos. Así mismo, Internet parece haberse convertido en un metadiscurso para explicar muchas de las actividades y prácticas cotidianas que lo cruzan como dispositivo sociotécnico. Al mismo tiempo, como contraparte, este discurso parece haber generado una cortina de humo que, en algunas ocasiones, ha “nublado” la posibilidad de desarrollar investigaciones, y recursos teóricos más útiles, para el estudio de los fenómenos que se desarrollan con la utilización de esta tecnología. Así, este metadiscurso ya no sólo busca explicarse a sí mismo sino, como una especie de Rey Midas, a todo lo que toca.

En diversos foros mediáticos y cotidianos se sigue haciendo referencia a Internet como un monolito sólido y sin escisiones. En realidad, sería más adecuado definirlo como una combinación de redes sociotécnicas de gran complejidad. Esto ha traído como consecuencia que estudios más contextualmente situados y que se basan en seguir a los actores y sus prácticas hayan tardado en aparecer. En estos momentos, parecería un sinsentido hablar del teléfono como maligno o benigno, como instrumento que sirve para una determinada cosa y no para otra. Así, no resulta útil para la comprensión del teléfono como dispositivo sociotécnico comparar una llamada telefónica con una conversación cara a cara. O, para poner otro ejemplo, no parece posible que alguien se atreva a hablar de una “teoría del motor” diciendo que camiones, motocicletas, plantas de luz y cadenas de producción pueden estudiarse como un solo objeto por tener en común que, para su funcionamiento, requieran de un motor. Y sin embargo, durante más de una década, cuando se hablaba de Internet en el ámbito académico, muchas características de este tipo fueron imputadas a priori, casi como argumentos teóricos para su estudio.

David Bell, al hablar del Ciberespacio -un concepto que se ha utilizado con mucha frecuencia (y quizá no adecuadamente) como un sinónimo de Internet[4]-, menciona:

Pienso en él como combinando tres cosas (…) Tiene dimensiones materiales; simbólicas y de experiencia. Es máquinas, cables, electricidad, programas, pantallas, conexiones y es modos de información y comunicación: correo electrónico, sitios web, chat rooms, MUDs. Pero es también imágenes e ideas: el ciberespacio existe en el cine, en la ficción, en nuestras imaginaciones, tanto como en nuestros escritorios o en el espacio entre nuestras pantallas. Más aún, y este es un punto interesante, nosotros experimentamos el ciberespacio y todos sus manifestaciones mundanas y espectaculares al mediar lo material y lo simbólico (2001, p.1-2).

Bell plantea dos asuntos que parecen fundamentales como base para el objetivo de este trabajo. Por un lado, habla de la complejidad de un objeto que es a la vez material y simbólico y que, además, ha sido concebido como un medio de información, un dispositivo de comunicación y un “espacio” de construcción de relaciones (entre humanos y no humanos, en varias combinaciones). El otro asunto que resulta igual de relevante es el que se refiere a que las ideas y las narrativas sobre Internet no están necesariamente (o únicamente) en las prácticas que lo atraviesan, sino en la imaginación y la ficción que se tiene sobre la Red. Y sobre Internet, se use mucho, poco o nada, todo el mundo tiene una opinión y una idea. El mismo concepto de Ciberespacio, que ha sido ampliamente utilizado (y de alguna manera estandarizado) tanto por académicos y usuarios como por los medios de comunicación, tiene su origen en la narrativa de la ciencia ficción, específicamente en la corriente llamada Cyberpunk[5]. Entonces, ¿cómo definir algo tan complejo y que cruza tantos elementos materiales e inmateriales, simbólicos y narrativos, técnicos y sociales? ¿Cómo hacerlo desde el espíritu académico y el discurso científico sin caer en dogmatismos o fragmentaciones? Esta tarea resulta especialmente complicada cuando se considera que Internet, al experimentarse, al utilizarse, al tratar de pensarse, está inserto en una especie de relación simbiótica que construye su propia conceptualización. Y ésta en ocasiones es tan personal como las prácticas y los contextos que la cruzan.

Las tres eras del estudio de Internet.

Barry Wellman, uno de los académicos que ha tenido una presencia importante como “colonizador del campo”[6], en un texto publicado en el New Media & Society (2004)[7] habla de que la investigación sobre Internet podría dividirse en tres “eras”. La primera de ellas, que abarcaría casi toda la década de los 90s, tendría como característica el haber sido la etapa en la que Internet comenzó a tener una difusión global. En esa fase, las narrativas sobre Internet eran preponderantemente discursos optimistas y futuristas sobre las posibilidades que inauguraba la tecnología en diversas esferas (económica, social, cultural, comunicativa, política, etc.). Los analistas de esta primera etapa, señala Wellman:

 

Perdieron su perspectiva y sucumbieron al presentismo y al parroquianismo (…) Ellos pensaron que el mundo había comenzado de nuevo con Internet (…) e insistían en ver al fenómeno en línea aisladamente. Ellos asumieron que sólo las cosas que sucedían en Internet eran relevantes para entender Internet (2004, p. 124).

Wellman continúa diciendo que dichos análisis eran alimentados por datos e informaciones meramente coyunturales y anecdóticos: “Cuentos de viajeros por la incógnita de Internet” (p. 124).

La segunda etapa que ese autor reconoce es la de la “sistemática documentación de usuarios y usos” (p. 125). En esta segunda fase tienen lugar las grandes investigaciones en torno a la sistematización de variables sociodemográficas de los usuarios de Internet. Además, es la época en la que los discursos premonitorios, tanto los de los apologistas de la tecnología como los de los críticos de ésta[8], comienzan a matizarse. Sin embargo, habría que matizar que esta segunda etapa estuvo cargada de una posición que rayaba en el determinismo tecnológico, lo que Winner (1987) ataca al decir que “La tarea más importante no es estudiar los “efectos” e “impactos” del cambio técnico, sino evaluar las infraestructuras materiales y sociales que crean las tecnologías específicas para la actividad de nuestras vidas” (p. 73).

La tercera etapa se inicia, para Wellman, a partir del 2003 o 2004. En esta fase, en la que nos encontraríamos actualmente, “comienza el verdadero análisis con proyectos más enfocados y teóricamente dirigidos” (p. 127). En ella se complejiza el objeto de estudio, ya que: “Internet está ayudando a cada persona a convertirse en un nodo de comunicación e información entre personas, redes e instituciones…La persona se ha convertido en el portal” (p. 127).

Otro autor que establece una división similar a la de Wellman es David Silver. Así, él divide también en tres etapas distintas el estudio de Internet y apunta que en los últimos años se abre la fase que él denomina “Estudios críticos de la Cibercultura” (2006); fase que, por sus características, sería similar a la que plantea Wellman como tercera etapa. En suma, más allá de la crítica que se le podría realizar a estas divisiones[9], lo que es cierto es que parece haber, en el ánimo de los Estudios de Internet, un cierto espíritu revisionista (Herring, 2004; Silver, 2004; Hine, 2005; Gómez Cruz y Galindo, 2004; Trejo Delarbe, 2004).

Los conceptos y sus trampas

El problema que se convoca en el presente texto se sitúa, justamente, en esta etapa revisionista que pretende ser crítica y reflexiva. El punto de partida es que muchos de los conceptos utilizados como fundamento teórico para el estudio de la Comunicación Mediada por Computadora (CMC) desde las Ciencias Sociales, no parecen haber sido lo suficientemente problematizados por parte de los investigadores interesados en estos fenómenos. Así, muchos de dichos conceptos se han tomado como “cajas negras” a partir de ciertos autores, momentos, desarrollos y coyunturas. En una gran y significativa cantidad de casos, estos conceptos se han incorporado al ámbito académico procedentes, más que de una reflexión epistemológica o teórica o de diversas aproximaciones y resultados de investigaciones empíricas, de discursos generados en ámbitos diversos: el arte, la “futurología”, el ensayismo literario, la mercadotecnia, etc. Estos discursos, algunos de los cuales poco tienen que ver con la academia y que son de corte mesiánico y profético, o elaborados desde una visión simplista y casi determinista, se han convertido en prácticamente canónicos y, por lo tanto, han marcado la pauta de la investigación sobre la Comunicación Mediada por Computadora[10], posibilitando algunas veces, pero en muchas ocasiones empantanando, la investigación sobre la misma.

Así pues, este trabajo adquiere sentido a la luz de la reflexión conjunta que parece haberse producido en los años recientes en ciertos círculos académicos: una “parada colectiva”, cargada de crítica y reflexividad, en los “Estudios de Internet” (Correa, 2006; Baym, 2006). En este sentido, Sterne (2006) apunta: “En tanto que el campo entra en una nueva fase, necesitamos un sentido más rico de la historia de la cibercultura y las historias de las cuales la cibercultura es parte” (p. 25). Una forma de intentar dar sentido, la que aquí se propone, es preguntar por aquellos que se han erigido como las “voces autorizadas” para definir qué es Internet, especialmente ante la irrupción y consolidación de ciertos conceptos que durante mucho tiempo fueron pilares teórico-metodológicos de esta “cibercultura”, generando un imaginario sobre ella:

Cada imaginario tiende a mostrársenos como un universo cerrado sobre sí mismo y homogéneo, es decir, ni afectado por las aportaciones en el tiempo y en el espacio ni tampoco fracturado o tensado por corrientes internas que pudieran estar en conflicto mutuo (Lizcano, 2006, p. 51).

Por ello, y como consecuencia de lo anterior, las aproximaciones que se dan a un objeto de estudio con esta visión tienden a ser metodológicamente “comprensivas y aplicables de modo general. Cada investigador acota su ámbito de estudio y aplica los conceptos y técnicas ad hoc que, intuitivamente, le parecen más adecuadas al mismo” (p. 51). Y esto, precisamente, parece ser lo que ocurrió con Internet.

Dado que el interés que motiva este texto pretende ser académico (y que esta tarea podría realizarse desde diversas ópticas) las preguntas que guían la presente reflexión son: ¿Cómo se han construido los conceptos claves para el estudio de Internet? ¿Qué tipo de “inscripciones” llevan consigo estos conceptos? ¿Cuáles fueron los resultados de su elección para el estudio y la investigación de Internet? La intención de este trabajo es justamente, desde una perspectiva crítica y enmarcándose en un análisis social de la construcción del conocimiento, indagar en la historia de cómo se han desarrollado estos conceptos. La búsqueda no es sólo por su raíz histórica, sino por las posibles implicaciones (finalmente políticas en sentido extenso) que han tenido para los Estudios de Internet. Esta reflexión llega en un momento en el que dichos estudios parecen estar en un proceso de consolidación tras varios años de marginalidad e invisibilidad en otras disciplinas (Hine, 2005).

Sterne (2006) señala que “muchas de nuestras categorías analíticas fueron desarrolladas en los 80s y 90s, y muchas de ellas persisten en el supuesto nuevo momento que habitamos” (p. 17), cuestión especialmente cierta en círculos académicos periféricos. Las categorías a las que se refiere Sterne, fundamental recordarlo, fueron desarrolladas en su mayoría por ciudadanos norteamericanos, quienes crearon no solo la tecnología, sino el imaginario en torno a ella (cfr. Flichy, 2003). Hay autores que, yendo más allá, afirman incluso que fue un grupo muy específico que se podría identificar en torno al concepto de Barbrook y Cameron (1996): “la ideología californiana”. Ésta “fue desarrollada por un grupo de personas que vivían en un país específico con una mezcla particular de elecciones socio-económicas y tecnológicas” (en línea). Ahora bien, así como se ha “exportado” dicha tecnología, también lo han sido la mayoría de sus usos por parte de una gran cantidad de personas en países y contextos culturales distintos. Y sin embargo, los imaginarios particulares han reproducido en muchas ocasiones aquellos generados en Norteamérica. No es de extrañar, por lo tanto, que las aproximaciones, conceptos y metodologías para estudiar la tecnología también encuentren su origen en los estudios que se han generado en Estados Unidos. De esta forma, en más de una ocasión, dichos fundamentos teóricos se han tratado de extrapolar a situaciones de complejidades diferentes a aquellas que analizaban originalmente. Y sin embargo, ha existido poca resistencia creativa, contadas críticas, y casi nada de reflexión al respecto por parte de los investigadores que se han interesado en este fenómeno, tanto dentro como fuera del ámbito anglosajón.

Otro problema a resaltar podría equipararse con una situación comentada por Barbrook y Cameron (1996). Ellos apuntan que esta “nueva economía” requería elementos tales como la flexibilidad y la creatividad (“Estar siempre a la vanguardia de las tendencias”). En ese sentido, pareciera que los estudios académicos sobre la tecnología, especialmente sobre Internet, sufren de un vértigo semejante, de una necesidad constante de describir, de explicar o de ser el primero en nombrar, en establecer una analogía, una metáfora o lo que sea con tal de ser pionero[11] y colonizador del campo. Dicha búsqueda recuerda más a la lógica de la mercadotecnia y la publicidad que a la del pensamiento crítico y el espíritu científico. Por lo tanto, este trabajo busca conocer el entramado en el que se generaron los conceptos claves para el estudio de la CMC.

Metáforas destiladas.

El proceso constitutivo de un campo nunca es claramente lineal. En el caso de Internet, la misma historia de la tecnología puede servir como ejemplo de dicha complejidad. Internet como tecnología tiene una historia llena de conflictos, alianzas, aleatoriedad y, en muchas ocasiones, golpes afortunados (y momentos desafortunados). Situación que, en Internet, parece darse en proporciones mayores que en muchas otras tecnologías (Abbate, 1999). De la misma forma, el estudio sobre Internet pareciera reproducir dicha complejidad, y en este trabajo se intenta, en la medida de lo posible, dar cuenta de ella. Pese a esto, en algunas ocasiones parecerá que se cuenta una historia de actores claves y momentos de ruptura, ya sea porque se le otorga un protagonismo especial a ciertos actores; porque hay textos referidos con mayor profundidad que otros, o bien porque la misma redacción parecería apuntar hacia ello.

En ese sentido, y de manera aclaratoria, es necesario apuntar que la metodología utilizada recuerda a la de Jean Baptiste Grenouille, el personaje de El Perfume de Suskind: la idea es tratar de “destilar”, no una esencia, pero sí unos elementos claves en la sociohistoria de los conceptos que han dado forma al estudio de la CMC. Bien es cierto, como señala <!–[if supportFields]&gt; ADDIN EN.CITE &lt;EndNote&gt;&lt;Cite&gt;&lt;Author&gt;Rheingold&lt;/Author&gt;&lt;Year&gt;1996&lt;/Year&gt;&lt;RecNum&gt;1&lt;/RecNum&gt;&lt;MDL&gt;&lt;REFERENCE_TYPE&gt;1&lt;/REFERENCE_TYPE&gt;&lt;AUTHORS&gt;&lt;AUTHOR&gt;Rheingold, H.&lt;/AUTHOR&gt;&lt;/AUTHORS&gt;&lt;YEAR&gt;1996&lt;/YEAR&gt;&lt;TITLE&gt;La comunidad virtual. Una sociedad sin fronteras.&lt;/TITLE&gt;&lt;SECONDARY_TITLE&gt;Límites de la ciencia&lt;/SECONDARY_TITLE&gt;&lt;PLACE_PUBLISHED&gt;Barcelona&lt;/PLACE_PUBLISHED&gt;&lt;PUBLISHER&gt;Gedisa&lt;/PUBLISHER&gt;&lt;PAGES&gt;381&lt;/PAGES&gt;&lt;EDITION&gt;Primera&lt;/EDITION&gt;&lt;SUBSIDIARY_AUTHORS&gt;&lt;SUBSIDIARY_AUTHOR&gt;José Ángel Álvarez&lt;/SUBSIDIARY_AUTHOR&gt;&lt;/SUBSIDIARY_AUTHORS&gt;&lt;ISBN&gt;84-7432-562-5&lt;/ISBN&gt;&lt;ORIGINAL_PUB&gt;1994&lt;/ORIGINAL_PUB&gt;&lt;KEYWORDS&gt;&lt;KEYWORD&gt;Comunidad, virtual, historia de la CMC&lt;/KEYWORD&gt;&lt;/KEYWORDS&gt;&lt;/MDL&gt;&lt;/Cite&gt;&lt;/EndNote&gt;–>Rheingold (1996)<!–[if supportFields]&gt;–>, que “ninguna metáfora única transmite completamente la naturaleza del espacio cibernético” (p. 82). Sin embargo, existen “metáforas” que se han utilizado más que otras[12] y que guardan una relación estrecha y compleja con el ámbito en el que fueron acuñadas. Tal como señalan Thomas y Wyatt, (1999): “Las metáforas son unos poderosos dispositivos retóricos movilizados tanto por los actores como los comentaristas en la continua reconfiguración de Internet” (p. 697). De esta forma, la utilidad del análisis metafórico, señala Lizcano (2006), consiste en poder “indagar la dimensión instituida del imaginario, para bucear en sus pre-su-puestos y pre-concepciones. Terminemos mencionando su provecho para explorar también su dimensión instituyente, ésa de la que emergen la creatividad y el cambio social” (p. 67). No obstante, es preciso aclarar que estos “destilados” nunca son puros y lineales, sino que son “puntos de paso obligados” para la historia que aquí se pretende contar, ya sea por el momento en el que se sitúan o por la capacidad para movilizar a otros actores. Aunque es cierto que dichas metáforas, en un primer momento, dotaron de sentido al nuevo objeto de estudio[13], mediante su continua e irreflexiva reproducción, lograron que los investigadores perdieran (al menos por un tiempo) “la conciencia y el sustrato imaginario del símil que hacía vero-símil la metáfora, y lo que era vero-símil se nos ha quedado en simple ‘vero’, verdad pura y simple, es decir, purificada y simplificada del magma imaginario del que emergió” (p. 62). Son los orígenes de estas metáforas, y algunos de sus “productores” los que guiarán este trabajo. Las metáforas que se tomarán en cuenta, son una decisión personal que se justifica en cada una de ellas, sin embargo, estas decisiones siempre pueden acusarse de una cierta son subjetividad y hasta de arbitrariedad. Sin embargo están, consciente e inconscientemente, en la responsabilidad que con el objeto de estudio se pretende tener y las limitaciones propias del trabajo y sus tiempos.

Entonces, las palabras claves de este trabajo serán: ciberespacio, comunidad virtual e identidad virtual. Podrían ser otras y no son las únicas, por lo que si bien se pretende un acercamiento general al estudio de la CMC el trabajo no aspira a, y por otra parte no podría, ser exhaustivo de la (cada vez más) amplia literatura sobre el fenómeno.

Las deudas pendientes de este texto.

Este texto, dada su delimitación y corto alcance, e insertándose en una aproximación sociológica, no puede, ni aspira, a establecer un marco mayor que el de los así llamados Estudios de Internet. La posible relación entre éstos y la tradición sociológica en su contexto histórico más amplio[14] es una de las deudas que deja este trabajo. Si bien es cierto que hay autores que desde la sociología y otras ciencias[15] han sido fundamentales en la constitución del campo (Foucault, Deleuze y Guatarí, Goffman, McLuhan, Tönnies, por mencionar sólo algunos), este texto no pretende dar cuenta de dicha herencia ni ser un análisis de la articulación de un “nuevo” campo de estudios en relación con el campo sociológico tradicional[16]. Esta tarea es sin duda fundamental y necesaria, pero excede las posibilidades de este trabajo.

Esta decisión se explica por dos razones. Por un lado, el hecho de que, si bien autores “clásicos” de la sociología han sentado bases importantes para la justificación de ciertos conceptos[17], el campo se ha constituido con cierta independencia de las barreras disciplinares tradicionales (Hine, 2005). Y un segundo elemento es que la intención aquí ha sido tratar de “capturar” las dinámicas internas en la constitución de los términos planteados y no su deuda histórica con las corrientes de pensamiento constituidas con anterioridad a la emergencia del fenómeno. Si bien esta relación existe, tendría que ser una historia en dos partes, y la que aquí se propone constituiría la segunda de ellas[18].

Otras tres deudas quedan pendientes en este texto: una historia sociológica de las interfaces y dispositivos en territorio no anglosajón[19], un análisis más extenso de la relación tan estrecha entre ciencia ficción, imaginario y estudios de Internet y por último, una historia de los métodos y las técnicas mayormente utilizadas para el estudio de la CMC en los distintos contextos científico-políticos y sociales.

Dado que mi formación como investigador ha sido paralela a la de usuario de mi objeto de estudio[20], el tono del texto será reflexivo y en algunos momentos dejará clara la tendencia anecdótica. Apelando a lo que señala Michael (2000) con respecto al uso de la anécdota en los escritos académicos:

No es simplemente literaria, es heterogénea. La anécdota es un medio para reflejarse sobre su propia construcción textual, pero esta construcción tiene otra dimensión en ella. El “yo” que narra y aparece en las anécdotas está siempre situado y esta situación es en si misma heterogénea (esto es, que abarca lo material tanto como lo textual o semiótico). Más aún, este “yo” es emergente- está construido en lo textual, pero también en lo material (p. 15),

En definitiva, el trabajo encuentra su origen, justificación y objetivo en el casi manifiesto apuntado por Sterne (2006):

En última instancia nosotros no tenemos elección; como intelectuales críticos y responsables debemos rechazar las tentaciones de los problemas preestablecidos, los métodos anquilosados y las conclusiones familiares. Nuestros trabajos requieren el arduo trabajo de la construcción del objeto. La alternativa es la extinción (p. 26).


[1] Es curioso cómo, en un comentario puesto en The Well (que se mencionará con detalle más adelante), el Sysop (System Operador) Clif Figallo utiliza esta misma historia para referirse a las narrativas que cada persona crea en torno a su experiencia personal en The Well, en:

(http://www.well.com/conf/inkwell.vue/topics/113/Katie-Hafner-The-Well-A-Story-of-page01.html#post3)

[2] Una gran proporción del ya extenso corpus que representan los llamados Estudios de Internet ha utilizado indistintamente conceptos que parecieran intercambiables: Internet, la Red y el Ciberespacio. Se volverá sobre esta cuestión más adelante.

[3] Un antecedente que podría servir como un buen ejemplo para reflexionar sería la pretensión de generar una “teoría de la comunicación” a partir de la emergencia y crecimiento de los medios masivos en la sociedad global, pero aislando el proceso como un modelo de emisor-canal-receptor.

[4] Cuestión de la que se pretende dar cuenta en el primer capítulo de este trabajo.

[5] A estas alturas resulta reiterativa la definición que dio Gibson en su novela “Neuromante” de lo que era el Ciberespacio: “Una alucinación consensual experimentada diariamente por billones de legítimos operadores, en todas las naciones, por niños a quienes se enseña altos conceptos matemáticos…Una representación gráfica de la información abstraída de los bancos de todos los ordenadores del sistema humano. Una complejidad inimaginable. El ciberespacio es una alucinación social consensuada”. Se cita aquí a manera de provocación y ejemplo de un concepto que ha sido fundamental en los Estudios de Internet y que proviene de una narrativa de ficción.

[6] El canadiense Barry Wellman es experto en redes sociales y ex presidente de la AoIR (Association of Internet Researchers), la asociación principal en el campo. Su importancia en él es incluso anterior a su incursión en dicho campo, ya que el primer libro que se publicó sobre la relación específica entre redes computacionales y comunicación mediada, The Network Nation (1978), tomó su nombre del texto de Wellman The Network City (1973).

[7] Publicación de creciente relevancia en el campo y que, en ese número específico, establece un balance de la investigación sobre Internet con autores especialmente importantes en el campo.

[8] Una situación que es interesante resaltar es que ambos discursos partían de una visión determinista en torno a la tecnología.

[9] Una primera crítica a esta visión vendría dada por el hecho de que está centrada en Norteamérica, de forma que, al no tener en cuenta las especificidades de que cada país o región, soslaya el hecho de que pueda haber temporalidades y características distintas.

[10] Es preciso apuntar que el campo específico en el que se enmarca este análisis es el de la Comunicación Mediada por Computadora (CMC). Esta aclaración resulta pertinente justamente porque el Internet, con su complejidad, puede ser el campo de análisis de diversas perspectivas teóricas: sociológicas, económicas, psicológicas etc. Por ello, este trabajo se centrará únicamente en este “campo” que, a su vez, cada vez parece más fragmentado y contextual por la diferencia tan radical entre los dispositivos que se utilizan para dichas prácticas. No es lo mismo un blog que un BBS, ni un sistema como Twitter que un foro, y aún más: los usos de cada uno de estos sistemas son contextuales y situados.

[11] Esta otra imagen, la del “pionero”, es parte del “imaginario de Internet” (Flichy, 2003), metáfora que parece haberse “exportado” también a la reflexión sobre la tecnología. Para una discusión en torno al imaginario y la metáfora cfr. Lizcano (2006)

[12] Para una discusión sobre las metáforas utilizadas para la investigación de Internet cfr. Adams (1997)

[13] Núñez (2004), quien establece un análisis del uso de las metáforas en un espacio de comunicación electrónico de la Universitat Oberta de Catalunya, señala que las metáforas son importantes en el “proceso de estructurar y dar sentido a la experiencia (…) de estos espacios que, metafóricamente, llamamos virtuales” (en línea)

[14] Cerulo (1997) apunta que la participación de la sociología en la construcción de este campo ha sido más bien modesta y menor en comparación con otras ciencias como la antropología, la comunicación y la psicología.

[15] Especialmente los autores postestructuralistas y las corrientes de pensamiento denominadas posmodernas y particularmente la obra de Jean Baudrillard.

[16] Existen algunos académicos que han intentado establecer relaciones directas entre la obra de algunos de estos autores y el estudio de Internet. Por ejemplo, sobre Foucault (Aycock, 1995; Willcocks, 2006), sobre Goffman (Miller, 1995), sobre Deleuze y Guatari (Hammam, 1996) y sobre McLuhan (Levinson, 2001). Para un acercamiento general a esta relación cfr. Bell (2001).

[17] Dos casos que resultan especialmente claros son el de Tönnies y la utilización de su distinción entre Gemeinschaft y Gesellschaft como marco para entender las comunidades virtuales (Blanco, 1999) y el de “la presentación de la vida cotidiana” de Goffman para dotar de sentido a la “identidad virtual”.

[18] Evidentemente no se sugiere que sean dos partes cronológicamente distintas ni mucho menos. Estas son co-constitutuvas y están en un diálogo permanentemente.

[19] Tarea que tanto Hafner y Lyon (1996) y Abbate (1999) han desarrollado con éxito.

[20] Ya en otro texto se comentó el proceso personal de incursión y “enamoramiento” de Internet como objeto de estudio (cfr. Gómez, 2003, especialmente la introducción)

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16 comentarios »

  1. Esto es un post??? No quiero ser canónica, pero quizás deberías abrir una pàgina para tener los textos completos por separado y que los comentarios sean de más largo alcance. No? En fin una sugerencia. Yo ya me lo he leido, pero repasa la tipografia que hay una “co-constitutuvas” que no se que debe ser, me suena a instrumento musical dialógico. Aunque a estas horas…

    Comentario por Elisenda — mayo 31, 2007 @ 12:14 am | Responder

  2. Qué manía estarlellana esa de definir qué es y qué no es un post eh! 😛 En realidad tienes razón, quería ponerlo en mi wiki, pero hasta que no se defienda y estén todos los papeles en orden (lo cual puede ser en septiembre), el texto estará “enlatado” (como las películas críticas en tiempos de dictaduras). Ya después, me gustaría poder colgarlo en la red, pero también publicarlo en papel en algún lado (son unas 100 páginas a doble espacio). En fin, lo puse como autoafirmación más que nada, quiero creer que lo que hago, a pesar de ser todo una enchilada, puede llegar a tener sentido para “la comunidad”.

    Comentario por Tesista — mayo 31, 2007 @ 10:51 am | Responder

  3. Por cierto, estoy viendo el blog en Explorer y se ve terrible, colegas que pasen por aquí, bájense el Firefox y disfruten esta enchilada como debe ser vista.

    Comentario por Tesista — mayo 31, 2007 @ 10:53 am | Responder

  4. Pero qué comunidad ni qué ocho cuartos!!!!!

    Comentario por Adolfo — mayo 31, 2007 @ 3:34 pm | Responder

  5. snifff… esperaba leer la historia de mi abuela y el cocido que tanto te gustó!!! Me prometiste que la emplearías en un texto… (estoy digitalizando tu aparción estelar hablando de sexo y esas vainas…)

    Comentario por le_freak — junio 8, 2007 @ 7:33 pm | Responder

  6. Hey!!!! claro que la usaré, un día de estos verás que aparece en un texto 😉 ¿Cómo digitalizando? ¿Te dieron una copia en qué formato? ¿Me lo pasarás después? Te lo advierto, como vuelvas a pasar por Barcelona sin avisar, te vas a enterar, un abrazo.

    Comentario por Tesista — junio 8, 2007 @ 7:55 pm | Responder

  7. […] están “ensuciándose los pantalones” (para parafrasear  a Paccagnella) en torno a los peligros de los conceptos, su uso y su relación con estructuras de poder. Por otro lado, me da la impresión de que las […]

    Pingback por Web 2.0 y sus posibilidades: ¿Una Torre de Babel? « Tesis-Antítesis — noviembre 24, 2007 @ 9:48 pm | Responder

  8. […] utilizan y solidifican los términos que representan las prácticas de Internet. En la propia introducción lo deja claro citando a Wilbur: “Necesitamos ser particularmente críticos al aproximarnos a […]

    Pingback por TISCAR :: Periodismo -:- Blogs -:- Educación » Las metáforas de Internet — diciembre 8, 2007 @ 2:19 pm | Responder

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    Comentario por Steffen — mayo 17, 2013 @ 1:10 pm | Responder

  16. […] utilizan y solidifican los términos que representan las prácticas de Internet. En la propiaintroducción lo deja claro citando a Wilbur: “Necesitamos ser particularmente críticos al aproximarnos a las […]

    Pingback por alvarokv — junio 17, 2016 @ 1:22 am | Responder


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