Tesis-Antítesis

agosto 6, 2007

La extraña historia de un Ipod resucitado

Filed under: Conexiones,Enchilada,Historia(s),Reflexiones personales,Vida de tesista — Edgar Gómez Cruz @ 6:24 pm

La historia comenzó hace casi 3 años y quedó documentada en un textito que le mandé al blog a mi compa Cristóbal (no lo enlazo porque ya quitó el texto), así que lo pego aquí y sigo con mi historia abajo de este copy-paste:

Ipod con guacamole para llevar (Flasback, Madrid, 2005)

Para el Dani: por la amistad y por la música

Breve historia de 40 gigas de música

Me vine a vivir a Madrid para estudiar el doctorado, y con eso del cambio de país, de los 30 kilos de equipaje máximo y de mi obsesión por la música, decidí que lo más conveniente para no tener que sacrificar mis discos era adquirir uno de esos dispositivos que cada día se usan más: un reproductor de formatos mp3. Me compré un Ipod (interesante saber que se han vendido más de 10 millones de unidades y que ya es la principal venta de la empresa Apple, desplazando a sus computadoras) y, bueno, 40 gigas de música equivalen a un buen rato sin extrañar mis CD´s aunque, en realidad, y por la premura del viaje, sólo alcancé a meterle como 10 gigas (más o menos unas dos mil canciones). El problema vino cuando mi “Peyotito musical” (así lo había bautizado) tuvo un berrinche con la computadora, y después de vanos intentos de solucionar el problema me di por vencido, teniendo que borrarle los siete días de música que tenía en su interior. A punto estaba de darle un nuevo uso (debajo de una pata de la mesa del comedor para que dejara de moverse mientras como) cuando decidí pedirle a un amigo, entre cuyas virtudes principales se encuentra el hecho de tener 240 gigas de música y películas, que intentara solucionar el problema y que, de conseguirlo, llenara el Ipod de lo que quisiera. Así lo hizo, y ahora el rebautizado (por él) “Texmex Pody” tiene en su interior unas siete mil canciones (de las cuales conoceré apenas unas mil) que equivalen a un mes de música sin parar. Ahora bien, todo lo anterior me suscita diversas reflexiones, que desgranaré a continuación.

Un mundo portátil y compacto

Había un anuncio de Sony en el que aparecían distintas personas con su Walkman, alrededor de las cuales se formaba una especie de burbuja. El mensaje era claro: “Lleva tu mundo a donde quieras”. El fenómeno de la portabilidad de los instrumentos tecnológicos es una de las tendencias más claras de la industria de las llamadas Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (NTICs). Rheingold la señala como una nueva revolución tecnológica en su libro “Smart Mobs”, afirmando que cada vez es más común ver a personas con sus “burbujas” (musicales pero también informacionales y comunicacionales, como sucede en el caso de los celulares o las PDAs) haciendo del espacio público también un espacio privado. Cada día hay más dispositivos que se pueden llevar en la bolsa del pantalón y que parecen ofrecer la posibilidad de transportar grandes cantidades del “mundo personal”: computadoras portátiles, PDA´s, sistemas de GPS, celulares con acceso a Internet y videoconferencia, reproductores de música, videos, fotos, discos duros portátiles (o combinaciones de varios de estos), consolas de videojuegos, etc. Los gurús de la tecnología auspician que en unos años usaremos un reloj que será capaz de hacer todo lo que hacen estos aparatos y que tendrá el tamaño de una pulsera (lo que me hace recordar los primeros relojes con calculadora y agenda que parecían sacados de una película de ciencia ficción).

Cuando le di mi Ipod a mi amigo, iba vacío; cuando me lo regresó estaba lleno, con lo que me di cuenta de que, con el mismo tamaño y en el mismo peso, ese aparato acababa de sufrir una transformación increíble, volviéndose una fuente de información increíblemente extensa. Sin embargo, seguía siendo la misma cajita de metal y plástico blanco (con un nombre más cursi, eso que ni qué) que era antes de dárselo. Hace unos años los reproductores de casetes portátiles dieron la posibilidad a las personas de “cargar” con su música, pero no sólo eso, ya que el principal objetivo no era transportarlas sino poder usarlas mientras se estaba en movimiento. Uno podía cargar un par de casetes en los bolsillos y el dispositivo sujetado del cinturón. Con la llegada del formato CD esta portabilidad sufrió una nueva transformación, ya que los CD´s, aunque más grandes, al ser más delgados podían cargarse en mayor número, aunque era más difícil su transportación (el minidisc no tuvo mucho impacto fuera de Japón, así que el formato del CD ganó en posibilidad de cargar mayor número de canciones pero con una incomodidad en la portabilidad). Con la llegada de los reproductores de mp3, por fin existe una solución que permite, por un lado, una portabilidad cómoda, y por el otro, un almacenamiento que excede muchas veces las posibilidades de paciencia del escucha (por muy buena que esté la música). Por ejemplo, un cálculo al tanteo me hace pensar que mi amigo “surtidor de música” ingresó en mi Ipod un equivalente a unos 900 discos. Mientras escribía esto me enteré de que ya salió el nuevo Ipod de 60 gigas, en el que también se pueden ver fotos y que parece ser que pesa menos. Esto no ha hecho más que empezar…

Epílogo musical

Aunque todavía no termino de explorar la música que me regaló (¿obligó a tener?) mi amigo, espero que para diciembre del 2006 ya pueda haber escuchado al menos una vez todas las canciones. Lo tomaré como un doctorado alternativo en tendencias musicales: por lo pronto ya aprendí que hay un tipo de música que se llama “Soul Cubista”. Afortunadamente pude convencerlo de que también metiera algunas de las canciones que sí conozco, entre ellas una bastante simpática, “Guacamole”, obra de un gringo-argentino que se llama Kevin Johansen. Creo que mi Ipod sí acabó siendo más Texmex de lo que esperaba…

Epílogo de última hora

Justo antes de subirme a un avión para un viaje de 15 horas, a mi mencionado Ipod le dio por no servir de nuevo. No me voy a quejar, la mesa del comedor ya no se mueve más. El ipod ese nunca más volvió a funcionar, marcaba error todo el tiempo, se trababa y ni Apple ni HP (el Ipod era una edición rara que salió con logos de ambas empresas) respondieron ante la garantía

Actualización dos años después (Barcelona verano 2007)

Tenía problemas con la red inalámbrica en el nuevo depa del raval cuando, buscando soluciones en diversos foros, me encontré este post. Yo había hecho hasta lo impensable por recuperar mi Ipod (¿alguien ha escuchado hablar de las limpias vudú de los gadgets?) hasta que desistí y rendido rompí mi cochinito y me compré otro (al que por cierto ya no le sirve la luz).

Mi Ipod viejo se lo había regalado a varias personas que me lo rechazaron (supongo que porque les dije que no servía) y lo cargaba de mudanza en mudanza sólo porque me seguía pareciendo útil para que los papeles no se volaran del escritorio y esas cosas que sólo un aparato de 400 dólares que no sirve puede hacer. Total que junto con el compa Adolfo decidimos “operarlo”. Básicamente lo que hicimos fue abrirlo, quitarle la batería, desconectar el disco duro, reconectar todo y cerrarlo. ¿De verdad ocurrirán estos milagros o simple y sencillamente seré tan estúpido como para, dos años y cuatrocientos después, haber intentado algo que tenía que haber hecho mucho tiempo atrás? El pinche Ipod funciona como nuevo (y éste sí tiene luz). ¿Moraleja? La verdad es que no la tengo clara, pero me arrepiento de no haber encontrado ese maldito post antes (y ni de coña me compraré un Iphone por más que lo desee)

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5 comentarios »

  1. Qué odisea. Bueno, yo también he descubierto por el camino difícil que en ocasiones los gadgets y demás caprichos tecnológicos son tan volubles como los humanos que los usan: justo ahora que escribo el comentario mi airport funciona a ratos y no tengo idea de por qué, si no he movido nada en la configuración.

    Saludos.

    Comentario por Javier Sánchez — agosto 6, 2007 @ 11:37 pm | Responder

  2. Mierda, tenía que habértelo aceptado y ahora tendría un ipod de esos!!! Grñffff

    Comentario por le_freak — agosto 7, 2007 @ 12:02 pm | Responder

  3. Por cierto, la cámara de fotos… sigue bien ¿no?… ¿no estás pensando en regalarsela a alguien…?

    Comentario por le_freak — agosto 7, 2007 @ 12:03 pm | Responder

  4. Aunque debo darte la razón mi querido Javier, me asusta un poco la idea de que los ceros y unos se puedan volver volubles porque, ¿se supone que por eso confiamos en las máquinas no? Porque harán para lo que están diseñadas (y si no, ya podemos comenzar a plantearnos rollos Matrix y Terminator). En cualquier caso, ya funciona el Ipod y nunca entenderé porqué el quitarle la batería y desconectar el disco duro haya solucionado el problema.

    Jajajajajaja mi querido Le Freak, seguramente más de uno se dará de topes, ahora no lo regalaré pero lo podría vender a precio razonable 😉 (especialmente después de los rayones que le di con mi navaja).
    Y de la cámara de fotos, ¿qué te digo? Si tuviera pasta me gustaría cambiarla por una nueva pero estoy más pobre que un becario mexicano con beca mexicana (ya ves que estos catalanes son muy….”ahorradores”). Pero…..¿qué te parece si te vendo en un pack de ganga mi cámara, mi ipod resucitado y a cambio me das un poco de curro por estos lares?

    Comentario por Tesista — agosto 7, 2007 @ 12:50 pm | Responder

  5. […] a los viejos juegos Mattel). La declaración de amor la hice hace tiempo, incluso después de mis historias de desencuentro con los dichosos aparatos de la marca. Las promesas, especialmente si son de amor fetichista, hay […]

    Pingback por Mi Iphone y yo « Tesis-Antítesis — marzo 19, 2008 @ 12:36 pm | Responder


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