Tesis-Antítesis

octubre 3, 2007

Turistas, voyeurs e infieles (lo fotografiable II)

Una chica ve una fotografía de su ciudad en Flickr y deja un comentario que dice: “nunca había notado la belleza de esas calles que son tan incómodas para caminar”. Una de las principales actividades que se suelen acompañar de la práctica fotográfica es el turismo. La imagen se convierte en un elemento indispensable para el reconocimiento de lo distinto, lo llamativo y lo sorprendente. Esa actitud de sorpresa es muy clara cuando se viaja (recuerdo la gracia que me hacía ver los objetos que, para los europeos, eran fotografiables en México: por ejemplo los cables de electricidad y teléfono en las calles y los anuncios publicitarios de fonditas, cantinas y pequeños negocios familiares). ¿Qué sucede cuando, al tener una cámara digital en los bolsillos todo el tiempo se genera una “actitud de turista” con las cosas más cotidianas? ¿Qué sucede cuando se genera una estética de lo cotidiano? ¿Cuando cualquier cosa puede ser digna de fotografiarse? (fotos de tazas de café, de ceniceros y bueno, de uno mismo, ya he comentado bastante sobre ello). Virginia Nightingale, en su texto sobre móviles con cámaras y fotoblogs, señala que en realidad el simple hecho de tener una cámara y estar aburrido puede convertirse en una combinación que dote de sentido a un objeto como fotografiable.
Ahora bien, ¿qué sucede con esa facilidad de lo digital para capturar cualquier cosa en cualquier momento y en cualquier lugar? (recuerdo por ejemplo cuando meter cámara a un concierto estaba prohibido, ahora es simple y sencillamente imposible que lo controlen). Pues la respuesta, en muchas ocasiones, puede resultar una serie de prácticas que sean incluso ilegales y que nuevamente nos lleven a pensar sobre la privacidad. ¿Ejemplos? Un grupo en Flickr de lo que llaman “candid camera” (y que sólo coincide con el programa de televisión en que la cámara está oculta) y en donde básicamente un montón de personas (más de mil miembros, hasta donde vi todos hombres) suben fotos que toman en las calles, playas, etc. a mujeres. Un grupo similar es el llamado “Voyeur House” y grupos de estos hay un buen (pensaba no enlazarlos pero Adolfo sugirió que es mejor visibilizar las cosas). El problema es que la facilidad y discreción de lo digital hace que no sólo la cotidianeidad se convierta en objeto de lo fotografiable sino que lo fotografiable en sí mismo no conozca límites. Vamos a ser sinceros (y el que diga que no, que tire la primera memory card), todos hemos estado tentados en algún momento a fotografiar a una chica o a un chico que nos atrajera, yo mismo he fotografiado a montón de personas por distintas razones (que podrían defenderse como “artísticas”). ¿Por qué es más fotografiable una indígena guatemalteca con su traje típico que una rubia sueca en la playa? ¿En dónde comienzan las razones puramente artísticas y donde acaban las “pornográficas”? ¿Quién decide esto? Pero la cosa tiene un twist más interesante aún. Tomarle una foto a una chica que toma el sol desnuda en la playa es claramente ilegal, pero ¿qué sucede cuando una persona se fotografía a sí misma desnuda y sube sus fotos a Flickr y gana un “club de fans”? (incluso he encontrado chicas que venden sus imágenes). ¿Qué pasa cuando esta práctica es ampliamente difundida? ¿Significa que esas personas “renuncian” al derecho sobre su imagen? o por el contrario ¿toman el control dentro de ese descontrol?

Un último elemento para concluir esta nota, me encontré un “grupo” por demás interesante, una chica subió las fotos de un galán que tenía por Internet, parece ser que el compa se portó mal con ella y lo que ella hace es poner sus fotos en un grupo y advertir a otras mujeres de las intenciones del compa este. Y bueno, la cantidad de fotos comprometedoras de exnovias, exesposas y demás exs que pululan por ahí es por demás importante (por lo que en México se llama “ardidos”, es decir, hombres enojados porque los engañaron, los dejaron, etc.). Nuevamente la privacidad como tema, lo público, privado, lo íntimo en relación a la posibilidad tan rápida y fácil de distribuir contenidos digitales (antes también se hacían esas fotos, pero destruyendo el negativo y las copias bastaba) y uno no iba pegándolas a los postes de la calle.

Actualización:

Meses después de escribir este post, El País comenta algunas cosas interesantes.

7 comentarios »

  1. demasiado rápido lo de lo artístico a lo pornográfico, no tan claro el que la atracción y el deseo se conviertan en una inmediata tentación de fotografiar (no para todos los géneros ni todas las edades), no tan claro el que fotografiar a alguien que te gusta sea pornográfico, a lo mejor tampoco es estético, a lo mejor tampoco es estético fotografiar a una india en guatemala (vaya con tus ejemplos de la india guatemalteca y la sueca…)

    Interesante preguntarse por lo del derecho a la imagen,de acuerdo en que el que sube sus imágenes y las comparte no pierde un derecho, pero tampoco está controlando, quizás se distancie de esas historias del control, quizas se distancie también de su propia imagen en la foto, lo que hagan con la foto,(quizás no sé, estoy desvariando) no tiene que ver con ella, no le afecte.

    Eso de las mujeres despechadas subiendo las fotos de los maromos a Internet no lo has encontrado en tío también? bueno es como una consecuencia lógica de los usos de la red, hotel rating, service rating, boyfriend rating, más toda la historia de las reputaciones, como en las canciones de Lily Allen.

    Comentario por Amparo — octubre 4, 2007 @ 10:55 pm | Responder

  2. Vaya, llego tarde. Tendría que haberlo leído antes.

    Pd. El enlace del artículo de Nightingale no funciona😦

    Comentario por Tíscar — noviembre 6, 2007 @ 11:49 pm | Responder

  3. Es un fenómeno interesante el del paso a la captura digital de imágenes o representaciones diversas que no tienen que pasar por un tercero para poderlas manejar. La perspectiva desde la que lo abordas es interesante, pero creo que parcial, pues tiene muchísimas más implicaciones. Hay una excelente página de un fotógrafoexicano (Pedro Meyer, zonezero… el link está en mi blog) que tiene varias reflexiones sobre ello. Pedro siempre se ha preguntado sobre esas cosas: de como la popularización de los instrumentos como las cámaras fotográficas -desde la instamatic hasta la digital- producen un cambio radical en nuestra vida, nuestra percepción y nuestra relación con las cosas, el mundo y con nosotros mismos. Creo que no se entiende completamente el fenómeno sino se relaciona con la web 2.0. Y creo, también, que aún no tenemos todos los instrumentos ni todas las muestras para desarrollar una teoría comprensiva sobre el asunto (no explicativa). No obstante, me convence la vereda por la que tomas camino, la claraboya por la que te asomas, aunque no sea “completa” (vivimos en un mundo fragmentado y de fragmentos, y los discursos explicativos son fragmentados). Y por ello me recuerda tu texto a uno que le leí a Elisenda en mediaciones (ojo fantasma, creo se llama, de por ahí de octubre). Estamos empezando a comprender todo el fenómeno… no solamente ahora -y gracias en mucho a ustedes que hacen la etnoblografía-, sino desde los quiebres epistemológicos de los sesenta. Pero aún nos falta mucho.
    En ese sentido, creo que uno de los problemas serios es que los blogs nos hacen alejarnos de las cosas serias (mi blog es cada vez más un blog etílico, divagante, sin sentido y sin, por supuesto, tema), mientras que mi blog “académico” duerme el sueño de los justos. Es un poco, creo yo, la ausencia de ese el límite, que ha sido borrado -y pienso en lo que te acabo de leer- entre lo público y lo privado -construcción de hace apenas doscientos años y que ya ha demostrado su ineficacia, al igual que el Estado Moderno “aka” Estado Nación o el absolutismo jurídico que hace solamente válido a aquel derecho emanado de la constitución que a la vez emana del estado (porque la nación, es decir, la reunión de los ciudadanos, es un ente inasible e irrealizable como buena entelequia que es), al igual que el individuo libre, igualitario y fraterno de la revolución francesa. Y mientras no entendamosque la realidad es otra a la que el poder en la modernidad nos viene diciendo que es, no lograremos ajustar esa relación que existe -porque sí existe- entre lo “artístico” (otra construcción de la modernidad) y lo “pornográfico” (es decir, lo “obsceno”), que no es otra cosa que “lo que ofende al pudor”… mientras que ese “pudor” está marcado por cierto tipo de concenso, no explícito, de lo ontológico que las elites que ejercen más poder intentan imponer sobre los que ejercen poder sobre ellas, pero de una manera que no conlleva la cohesión (acuérdate de las “tres ‘c? ” necesarias para la conformación de las elites: cohesión, conspiración y consenso). Así, lo pornográfico, lo pudoroso, y lo “estético” -por no hablar de lo artístico, que ese es otro concepto que habría que revisar desde la historia conceptual tipo Kosseleck- cambia según los vientos que soplan. Si hay arte decadente -por ende, “pornográfico”-, es porque los criterios de validación han cambiado. Vamos, si hemos de creerle a Graves cuando cuenta que los pictos no tenían reparo en fornicar en plena “vía pública” -al aire libre, pues, no dentro de las casas-, ¿por qué sería? -en el hipotético caso de que así hubiese sido. Y ahora, si estamos sufriendo las consecuencias de la revolución del paradigma, de la crisis epistemológica de los cincuenta del siglo pasado, ¿no estamos ante un problema que es el de la crisis de los sistemas de validación, pero ahora a escala planetaria? ¿Qué es pornográfico y qué es artístico. Pongamos un ejemplo.
    El par de pinturas aquellas famoso que pintó Goya por encargo de, ni nada más ni nada menos, Godoy, y que formaba un juego de “estética-pornografía” en el gabinete del “favorito” de la corona. Hoy en día las consideramos a ambas “obras de arte”, pero en 1800 -justo en la plena crisis de la transición del antiguo régimen a la modernidad-, la vestida podía pasar más o menos por “decente” dado que se trataba de una duquesa en posición un poco “comprometedora”. Pero la maja desnuda ya rebasaba para la época el claro oscuro general (claro, impuesto por las elites). El par de cuadros te da la clave de la tensión en el género, impresciso por cierto, y en la dimensión, de la construcción de la modernidad entre lo público y lo privado, lo artístico y lo antiestético, lo erótico y lo pornográfico.
    ¿No, acaso, estamos viviendo una revolución en ese sentido?
    Lo siento, mi estimado tesistrix, el haberme apropiado así de un espacio de comentarios en tu blog… pero es que no me lo he podido censurar. Igual y después en la propia le hago una ampliación. La cosa es solamente provocar un romper los límites de lo que va por buen camino. Tú disculparás y que Dios me perdone, porque esa es su obligación (Henrich Heine dixit).

    Comentario por Cuauhtlácatl — noviembre 22, 2007 @ 3:44 am | Responder

  4. […] sociocultural al mejor grado. La entrada de su bitácora -muy recomendable- se titula “Turistas, voyeurs e infieles (lo fotografiable II)“, y no tiene desperdicio. Transcribo, aproximadamente y con adendas ex post, lo que le puse […]

    Pingback por Reflexiones sobre las fisuras de la modernidad: lo estético y lo pornográfico « Cuauhtlácatl — noviembre 22, 2007 @ 4:16 am | Responder

  5. Puffff mi querido Cuau, me dejaste sin palabras. Gracias por hacer de esta enchilada algo parecido a un blog académico. Lo pienso un poco y te respondo.

    Comentario por Tesista — noviembre 22, 2007 @ 9:32 am | Responder

  6. […] suya, que iba en el metro, un chico la había grabado con su móvil. Ya he comentado cosas sobre voyeurs y sobre privacidad pero parece que la práctica es mucho más habitual (y discreta y por ello […]

    Pingback por La imagen acosadora y los peligros para la privacidad « Tesis-Antítesis — diciembre 14, 2007 @ 12:42 pm | Responder

  7. Hello to every one, it’s genuinely a pleasant for me to pay a quick visit this website, it consists of valuable Information.

    Comentario por Rick Nutile — diciembre 21, 2012 @ 4:55 am | Responder


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